Ciclo de Coloquios “Ciencia, Política, Políticas Públicas: ¿Qué relaciones?”

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  • 03/06 Andrés Monares. La Política de la Universidad Apolítica. Una conversación ciudadana y académica pendiente. [Ver láminas]
  • 06/05 Rodrigo Medel. Deconstruyendo el ideal de ciencia neutra y libre de valores. [Ver abstract] [Ver láminas]
  • 08/04 Ernesto San Martín. El Modelo Lineal de Ciencia: Un posible modo de relacionar ciencia y política. [Ver abstract] [Ver láminas]

Motivación:

Antes del estallido social del 18 de octubre de 2019, el rol de la ciencia en la sociedad chilena estaba enmarcado en el paradigma de Políticas Públicas Basadas en Evidencia (Evidence Based Policy, EBP), del cual hace eco la Ley 21.105 que creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación; en su Artículo 3 dice:

En el ejercicio de sus funciones, el Ministerio promoverá que el conocimiento y la innovación de base científico-tecnológica enriquezcan los procesos de formulación e implementación de políticas públicas, fomentando la coordinación y colaboración interministerial e interregional, el desarrollo de iniciativas conjuntas dentro del sector público y la cooperación público-privada.

Y en el Artículo 5d se afirma:

Realizar o encargar estudios, análisis prospectivos e investigaciones y generar estadísticas, indicadores y evaluaciones que apoyen tanto la elaboración de políticas públicas como su seguimiento, medición y evaluación.

Formulación, implementación, monitoreo y evaluación de políticas públicas en base al conocimiento científico quedan consignados en la Ley 21.105, lo que permite entrever que los fondos públicos de investigación serán dirigidos en esta dirección, que no es otra cosa –en consonancia con el paradigma EBP– que concentrar la financiación en vistas del bienestar social:

Promover la inversión y participación, así como otros aportes, que puedan realizar personas y entidades privadas en los diversos ámbitos de la construcción del conocimiento, la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación de base científico-tecnológica, siempre velando por el bien común (Artículo 4j).

Aparentemente, la comunidad científica chilena concuerda con esta perspectiva, que de alguna manera fuerza la asociatividad en vistas del desarrollo nacional, matizando la primacía investigación por mera curiosidad:

Fomentar la investigación, básica y aplicada, y la generación de conocimiento en ciencia y tecnología, que comprende los campos de las ciencias naturales, ingeniería y tecnología, ciencias médicas y de la salud, ciencias agrícolas, ciencias sociales, y artes y humanidades. En el desarrollo de esta tarea, fomentará el trabajo multi, inter y transdisciplinario y velará por un adecuado balance entre investigación inspirada por la curiosidad y aquella orientada por objetivos de desarrollo del país o sus regiones (Art. 4b).

Todo esto antes del estallido social. Ahora, Chile lleva a cabo –en medio de la pandemia del COVID-19– un proceso de construcción de un nuevo pacto social. El 25 de octubre de 2020, del 50.09% de los ciudadanos que votaron, el 74.73% optó por una Convención Constitucional. Como consecuencia de ello, tanto los Partidos Políticos como muchos Movimientos Sociales independientes de partidos políticos inscribieron listas para la elección de convencionales. En estos contextos –Proceso Constituyente y pandemia del COVID-19–, muchos declaran la necesidad que la Nueva Constitución aluda a la importancia de la ciencia para la sociedad chilena, el derecho que todo chileno tiene de acceder a los conocimientos científicos, y la necesidad que el Estado de Chile asegure el desarrollo de la ciencia por medio de un financiamiento acorde. Ciertamente, los esfuerzos nacionales e internacionales de grupos de científicos para combatir la pandemia, incluyendo el monitoreo de su evolución, constituyen ejemplos relevantes de cómo la ciencia cumple su rol en relación al desarrollo y beneficio de la sociedad.

Sin embargo, dichos esfuerzos requieren una reflexión crítica previa acerca de cómo concebir la relación entre los científicos y el mundo político tanto a nivel ideológico (política), como a nivel decisional (políticas públicas). El paradigma EBP es la realización de una posible relación entre Ciencia, Política y Política Pública, la que a su vez conlleva modos específicos de pensamiento, así como de formación de futuras científicas y científicos. Como todo paradigma, este fija comportamientos y dinámicas tanto al interior del mundo científico nacional (e internacional), como entre dicho mundo y otras esferas de la sociedad chilena.

Por otro lado, parece no existir una amplia reflexión en relación al modo en que dicho paradigma se fue instalando en el contexto chileno, que aún tiene una particularidad, a saber, que la ciencia se desarrolla en las universidades. No es razonable pensar que lo que Chile ha generado y vivido en los últimos 60 años no ha afectado y en algún grado moldeado los modos (¿o el modo?) en que la Ciencia se relaciona con la Política y las Políticas Públicas.

Este ciclo de Coloquios permite reflexionar acerca de estas cosas y sacar a la luz pública (el lugar de la política) los pre-supuestos, incluso los clichés, que el mundo científico asume y que parte de la sociedad cree. Prejuicios, presupuestos, clichés, decía Hannah Arendt, nos protegen de la realidad. Para comprender viejas formas de relacionar Ciencia y Política, y concebir nuevas, se hace necesario quitar esta valla protectora, lo que podemos hacer por medio de la discusión reflexiva.