Trinidad González Larrondo y Ernesto San Martín publican columna en La Tercera: Aventurarse en el ámbito público

¿Qué podemos decir desde la Universidad ante un estallido de descontento social? ¿desigualdad? ¿violencia? ¿abuso de poder? ¿síntomas? ¿enfermedad? ¿proyección? ¿cifras? ¿educación? ¿elite?

Esta pregunta está motivada por dos hechos, uno percibido, el otro factual. El percibido está en el contexto de las políticas públicas basadas en evidencia: damos por sentado que la ciencia logra hallazgos definitivos que intrínsecamente benefician a la sociedad y es por ello que los mismos merecen transformarse en acciones políticas. En este contexto, una parte de la sociedad espera de la academia un diagnóstico completo, certero, que deba ser oído y acatado por la clase política a fin de encauzar la vida democrática. El hecho factual está temporalmente lejos de nosotros y es un verdadero acto político. Se trata del curso que dictó Jaspers en el semestre 1945-1946 en Heidelberg acerca de la “situación espiritual de Alemania”. En la lección inaugural (Jaspers, La Culpabilidad Alemana, 1946) hace dos afirmaciones que hoy en la Universidad nos deben interpelar: la primera es que la universidad alemana fue intervenida por el gobierno de Hitler, lo que implicó que muchos académicos usaron sus cátedras para la propaganda política. Una vez liberado Occidente del nazismo, se retoman las actividades, una de ellas el curso de Jaspers y él es consciente que los nuevos estudiantes puedan sospechar que ahora la propaganda política cambió de tono, que ahora era en pro de las fuerzas que liberaron a Alemania del Nazismo. Jaspers pide simplemente tiempo para que los mismos estudiantes constaten si es así. Este hecho debe interpelarnos a nosotros, académicos y académicas, en torno a lo que realmente estamos transmitiendo desde nuestras cátedras y trabajos científicos. Pero lo otro que dice Jaspers, y que es la motivación de este texto, es que “en muchas disciplinas las cosas [antes y después de la liberación] apenas difieren”, haciendo referencia a otras disciplinas científicas que parecen más alejadas de la contingencia social. ¿Puede un matemático o un físico o un estadístico hacer propaganda política con disciplinas tan lógicas, tan sujetas a hechos?

Debemos reconocer que la respuesta es positiva, aunque parece que damos desde la Universidad la impresión que es negativa. Solo mencionemos la Office of Scientific Research and Development (OSRD), fundada por el Presidente Roosvelt en 1940 y que tenía por objeto desarrollar la ciencia para ganar la guerra no solo contra los nazis (esa de la que Jaspers reflexionó) y japoneses, sino también contra las enfermedades que se producían en los campos de batalla. Muchos científicos, trabajando en grupos, persiguiendo el logro grupal, nunca individual (el cual, hay que recordarlo, no lo validaba el Presidente Truman ante el Congreso Americano solicitando recursos para que la OSRD continuara su labor), llevaron adelante un modelo científico explícitamente sustentado por una decisión política, y la transmitieron de una forma tal que parece a-política, cuando en realidad no lo es: esto es lo que más debe hacernos pensar.

Pues bien, hoy estamos ante una crisis social, mezclada con una violencia casi sin control por parte del Gobierno. Desde la Universidad es necesario afirmar, y actuar en consonancia, que la política tiene la primacía en nuestra sociedad para construir la sociedad. No la ciencia. Ella tiene un rol, del cual hoy no reflexionaremos. La política se desarrolla en lo que Hannah Arendt llamaba el espacio público, en contraste con el privado. El espacio privado es precisamente eso, privado de … El público, es el espacio de la libertad: se es necesario ser libres para poder discutir los temas que deben ir conformando nuestra sociedad. Esta distinción puede que nos ayude al menos a entender ciertas cosas que están pasando:

  • La política nada tiene que ver con lo privado. De ahí que es necesario mostrar dos extremos que hemos visto y que causan violencia a la política. El primero es que el Presidente de la República (=la cosa pública), en un momento crítico, atendió un asunto privado, el que fue mediatizado. Que un hombre de Estado no se libere de su ámbito privado, y que más aún sea justificado por tal confusión, es preocupante pues más que nunca requerimos de la política.
  • Pero también, vemos violentistas que actúan a rostro cubierto. El rostro, que es la forma más humana que tenemos de interpelar, de expresar, de hablar, se cubre, lo que entonces sugiere que un acto de esa naturaleza no es político. Es más, es precisamente lo contrario a lo que Jaspers decía: aventurarse en el ámbito público. Es más, los que roban bienes básicos o de otro tipo, los roban para su vida privada.
  • Los rostros encapuchados contrastan con los de la gente que se manifiesta en plazas públicas y calles a rostro descubierto y que ciertamente se aventuran en dicho espacio.
  • Pero como nos lo enseñaba Hannah Arendt, es necesario agruparse, que se gesten los grupos de interés y así no solo las necesidades de la vida biológica, sino las de construir nuestra república, pueden salir a la luz. En efecto, ante tanta crisis, un peligro para la política es legislar para la vida privada, no para la pública.

Tenemos una suerte de confusión entre lo público y lo privado; ello parece deberse al poco sentido que tenemos de la política. Pero tampoco hemos de pensar que esto se subsana enseñando ese sentido. La política es acción de grupos en torno a un interés; es discusión entre representantes; todo en vistas de construir la cosa pública.

Para nosotros en la Universidad esto nos puede hacer cuestionarnos si en cada disciplina estamos enseñando y desarrollando para lo público o para lo privado (que, como decía Hannah Arendt, solo nos individualiza y nos deja en la ausencia de juicio), y cuestionar ante eso, cómo realmente podemos contribuir al bienestar social en nuestra intervención, y qué herramientas estamos poniendo a disposición.

 

 

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Aventurarse en el ámbito público